ARTICULOS DEL NÚMERO 20

FLAUTA Y MUSICA


junio 2005

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Miguel Angel Bonhome, nacido en Gijón hace 55 años es el autor de la portada de este número. He aquí sus datos artísticos más significativos:

1974.- Publicación del álbum «Canciones Evocativas» con música de Enrique Truán. Impreso en Venezuela.
1975.- Grupo Arte En Asturias. Exposiciones colectivas: Galería «Artemón»(Oviedo), Instituto Bemaldo de Quirós» (Mieres), Galería «Arco da Vella» (Lugo), Casa de Cultura (Avilés), Arte en Vegadeo, Arte en Villaviciosa.
1976.- Publicación del álbum «De Las Verdes Asturias». Musica de Enrique Truán. Exposiciones colectivas: Asociación Asturiana de Pintores y Escultores. Galería «Tantra» (Gijón). 24 Artistas sturianos Casa de Cultura (Avilés).
1977.- Colectiva: Asociación Cultural «Texu» (Gijón).
1979.- Exposiciones colectivas: Muestra Internacional de Arte Fantástico Bayonne (Francia), Sala Trasgu» (Avilés), X Certamen de Pintura de Luarca, VIII Dia de la Cultura (Gijón).
1980.-Expo. Individuales: «30 Gaiteros De Bonhome y Una Canción Desafinada De Miguel Fernández» Ateneo Jovellanos (Gijón); «Una Cantata Celeste» (Con textos de Emilio Amor y música de Miguel Fernández) Sala Piñole (Gijón).Lord Pub Dibujos (Gijón).Expos. colectivas: Museo Vivo «Gesto» (Gijón); Ensame de ArtistasAsturianos «Caja de Ahorros» (Asturias). Creación del colectivo EL GRUVA junto con Miguel Fernández, Mary Chely Fdez. y Yolanda Ilustra «Poesías Asturianas» de Teodoro Cuesta, B.P.A.
1981.- Medalla de Oro del «XII Certamen Nacional de Pintura de Luarca». Expo.Colectiva: «Perspectiva 81» Circulo de Bellas Artes (Madrid).
1983.- Edición del disco «Romances Asturianos Y Una Añada» (Sociedad Fonográfica Asturiana) con música de Enrique Truán . Expo. Colectiva: Niort (Francia). Expo. Individual: «DESDE EL 75» (Retrospectiva) Casa de Cultura de Sama de Langreo.
1985.- «Aves y Gaiteros de la Luna «SalaCornión» (Gijón). «La Galerna Por El Valle» (44 caligrafías escénicas sobre el montaje de la obra de Valle-Inclán «Los cuernos de D. Friolera» hecho por el Grupo La Galerna de Gijón). Cátedra de Extensión Universitaria (Gijón).
1986.- « La Galerna Por El Valle «, con motivo del cincuentenario de la muerte de Valle-Inclán. Sociedad General de Autores (Madrid).
1987.- Caligrafías escénicas sobre los montajes del Grupo La Galerna de «Los Cuernos de D. Friolera» y «El Maestro» de lonesco. «I Jornadas de Teatro de Gijón» Antiguo Instituto (Gijón).
1988.- «Platos Combinados» Serie de Artículos ilustrados en la «Hoja del Lunes» de Gijón.
1992.- «Cinco + Uno» Ateneo de la Calzada (Gijón) Colectiva.
1993.- Estreno público en el museo «Reina Sofía» de 3 canciones: 2 con música de Enrique Truán y una de Vázquez del Fresno. Concierto emitido por Radio Clásica (Madrid.)
1994.- Expos. Individuales: «Oda A La Odalisca» (O Les Muyerones). Ateneo de La Calzada (Gijón): «LA NOCHE 543» Centro Municipal de Contrueces (Gijón); «La Femme Et Les Oiseaux» Casa de Cultura (Luarca); «Ultima Odalisca» A.C. GESTO (Gijón).
1996.- Individual: «Flora Y FaunA» Sala Pelayo (Oviedo).
1997.- Estreno de cuatro canciones con música de Luis Vázquez del Fresno.
1998.-»Abecedario», libro de poemas dedicado a la exposición de José Paredes con el mismo tema en el Museo de Bellas Artes de Asturias, editado por éste último.
2000.- Exposición colectiva de pintores asturianos invitados por el Museo de Giessen (Alemania. Abril- Junio).-
2001.- Galería Pincel (Gijón).
Foro Abierto (Oviedo). Colectiva.
2002.- Foro Abierto (Oviedo). «Tintas y Ceras» Stilleleben (Cinco cantos de vida silenciosa). Catálogo para la exposición de Naturalezas Muertas de José Paredes. Galería Cornión Exposición
colectiva. Camco (Oviedo) Presentación del libro de poesía «Estación Decimal», editado por
Cálamo-Gesto.
2004.- Ateneo de La Calzada (Gijón). «Grafías para un centenario». (Colectiva). Librería Cervantes (Oviedo). Colectiva. Ateneo de la Calzada (Gijón). «Tiempo de Galerna. 20 años de Teatro» (originales para carteles de teatro y acuarelas).
COLABORACIONES.- Literarias o gráficas en las publicaciones: «Ágora de Gijón»/ «La Brocha»/ «Notas Freudianas»/»La Ratonera»
OBRA GRÁFICA:- Cabeceras del dominical del diario «El Comercio»de Gijón .
(1992/93).Carteles (G. Teatro La Galerna, Canción Asturiana, Cálamo-Gesto, L.T.A.E., Cía. de Danza Estrella García, etc.). Portadas o ilustración de diversos libros y publicaciones, (1) (Pueblos
abandonados de Asturias, Biografía de Enrique Truán, Premios Cálamo-Gesto.) Diseño de invitaciones y logotipos.
BIBLIOGRAFÍA.- Gran Enciclopedia Asturiana. “Asturianos de hoy. Historia General de Asturias”-Artes Plásticas de Asturias. Resumen Histórico de la Pintura Asturiana (Villa Pastur).
Enciclopedia Temática de Asturias. Diccionario de Pintores y Escultores del siglo XX (Forum Artis). Guía Indiscreta de Gijón (Fernando Poblet). Diversos artículos de prensa.

OBRA EN MUSEOS.- Museo Casa Natal de Jovellanos (Gijón). Museo Municipal. Ayuntamiento de Luarca./Ayuntamiento de Langreo.




METODOLOGÍA   DE  ESTUDIO:   LA IMPORTANCIA DE LAS FUNCIONES ESTRUCTURALES DE LA FLAUTA TRAVESERA EN LA PRÁCTICA ORQUESTAL
Por Eduardo González Barba

    La práctica orquestal requiere fundamentalmente un gran dominio técnico y expresivo de nuestro instrumento. Sin embargo, estas valiosas cualidades pueden ser mejoradas sensiblemente cuando, además, van acompañadas de un conocimiento básico de la evolución de la literatura orquestal para flauta y, sobre todo, de las diferentes funciones que este instrumento es capaz de asumir en el seno de tan compleja agrupación musical.
    Pensar en la flauta travesera evoca inevitablemente los solos más bellos creados para ella desde los primeros sinfonistas hasta nuestros días. A pesar de la enorme importancia que supone para todo flautista este tipo de pasajes, en el transcurso de una sinfonía –o de cualquier otra forma musical– los solos confiados a la flauta, en el mejor de los casos, representan un pequeño porcentaje de toda su actividad. ¿Qué otras funciones desempeña entonces este instrumento? Fundamentalmente de tipo estructural.
    El conocimiento de estas funciones y su correcta aplicación proporcionan al estudiante un buen método de estudio con el que abordar con más eficacia sus prácticas orquestales.
    La flauta travesera es capaz de asumir una gran variedad de funciones: algunas son comunes en los diferentes períodos de la Historia, otras, por contra, son propias de un estilo concreto sujeto a sus particulares normas estéticas; incluso existen las que nacen al amparo de las mejoras técnicas del instrumento. A la flauta travesera se le han confiado solos de extraordinaria belleza, pero además se recurre a ella con frecuencia para doblar voces e instrumentos, completar acordes, ampliar exposiciones, enlazar secciones, presentar temas, e introducir efectos rítmicos o sonoros.     Requiere mucha experiencia el reconocimiento inmediato de estas funciones, por esta razón es muy conveniente que el estudiante realice un breve análisis de la partitura con anterioridad al primer ensayo.
    Es, indudablemente, el solo de flauta la función orquestal más importante de nuestro instrumento. En un corto espacio de tiempo este aerófono se impone a los demás instrumentos exhibiendo una brillante idea musical revestida de un color y de una expresión incomparables. La correcta ejecución de un solo orquestal depende de una gran variedad de factores que deben ser cuidadosamente reconocidos.
    En primer lugar hay que tener presente el estilo; en la incipiente orquesta barroca la flauta era elegida únicamente cuando se ajustaba al afecto expresado por la obra. Estas formaciones generalmente eran muy selectivas, razón por la cual rara vez empleaban todos los instrumentos a la vez. No obstante, cuando se optaba por todo el conjunto, la flauta por lo general doblaba la melodía de las voces o violines. De la duplicación de voces evolucionó la práctica habitual de silenciar puntual e intencionadamente la melodía de los violines para mostrar desnuda a la flauta. Este ingenioso recurso se confunde con frecuencia con el concepto de solo. Sin embargo la ejecución de este tipo de pasajes debe ser comedida, ajustada y, sobre todo, equilibrada ya que la flauta –a pesar de exhibirse brevemente en solitario– no abandona el discurso general. Muchos flautistas intensifican con vehemencia estas frases, posiblemente convencidos de su conveniencia, cuando, en realidad, sólo provocan una marcada ruptura con el restante grupo de instrumentos que participan en el proceso melódico. En esta época los instrumentos no eran imprescindibles, especialmente los aerófonos. El intercambio de instrumentos fue práctica habitual, estuviese explicitado o no en cada particella. Es precisamente el expreso deseo del compositor por evitar la sustitución de la travesera –mediante la indicación del término obligatto en la partitura– la confirmación de esta costumbre. El timbre tenía su lugar, pero la propia esencia del discurso musical no admitía todavía muchas concesiones.
    Como es sabido, el período Clásico-Romántico supone la consolidación de la orquesta y la plena integración de la flauta travesera. En esta época nace el rico y extenso repertorio de unos solos orquestales que irán paulatinamente ganando tesitura y complejidad gracias a la evolución de los estilos y las importantes mejoras técnicas en el instrumento1 ; atrás quedaron los afectos... Los compositores recurrieron a la flauta por su sonoridad característica; en este sentido podría decirse que el gran solo para flauta de la ópera Orfeo de Gluck marcó el inicio de una gran producción de sublimes pasajes orquestales concebidos únicamente para nuestro instrumento2 .
    La manera de abordar un solo –dejando al margen aspectos técnicos y expresivos– plantea siempre importantes problemas en cuanto a los planos sonoros. Tres elementos deben tenerse siempre en cuenta: matiz del solo, masa orquestal y nivel sonoro orquestal. Un buen solo debe sobresalir con naturalidad.     La tibieza es insípida aunque siempre es mejor opción que la sonoridad forzada; por desgracia esto último es muy frecuente.                 La atronadora sonoridad propia de las orquestas mediocres por un lado, y las desmesuradas plantillas orquestales, especialmente en obras del siglo XVIII, por otro, obligan al flautista a forzar la sonoridad incluso cuando la particella indica piano o dolce. El solo también puede ser compartido. El éxito en la ejecución de esta variante discurre inexorablemente por la modestia y la renuncia. Ambos instrumentistas deben ceder en intensidad y expresión en aras de un empaste óptimo.
    
    Un solo orquestal siempre es un gran reto para el flautista. Esta presión es tan intensa que puede llegar a provocar en el músico el descuido de otras importantes funciones asignadas a la flauta. Posiblemente estas funciones no alcancen la categoría que gozan los solos, pero están presentes en gran parte del repertorio orquestal cumpliendo importantes misiones. La más común suele ser la de doblar total o parcialmente la melodía principal de voces e instrumentos. El alumno no debe elevar al rango de solo este tipo de intervenciones, ni tan siquiera al de solo compartido. Es simplemente un buen recurso que aporta variedad y, sobre todo, un filo inconfundible de color a la melodía.             Con no menos frecuencia la flauta es empleada para completar acordes. Esta delicada función exige prioritariamente una gran concentración en la afinación por tratarse del instrumento –debido a su tesitura– más expuesto de la orquesta. La ejecución de estas notas largas debe ser limpia y, por supuesto, despojada de elementos tan personales como el vibrato.
    La flauta travesera es un instrumento que aporta variedad, cohesión y dinamismo a la orquesta. Frecuentemente, los compositores recurren a su destacada maleabilidad para ampliar Exposiciones –repitiendo para ello el tema inicial–, enlazar secciones o introducir nuevos temas. La frontera entre lo puramente estructural y lo musical no siempre está definida ni tiene por qué ser incompatible. La misión –por poner un ejemplo– de introducir un tema puede albergar la belleza de un solo aunque carezca de su exclusividad. Será responsabilidad del flautista la conveniente actuación en cada caso. Por desgracia, el afán de protagonismo nos suele provocar el peligroso espejismo de reconocer un solo incluso en un pobre puñado de notas confiadas a la flauta para unir dos secciones.
    La esencia melódica de la flauta no impide el desempeño de funciones rítmicas. Es un recurso muy empleado en la música popular aunque también tiene cabida en la orquestal. El persistente ritmo despojado de toda melodía –empleando sólo para ello la nota Mi– que la flauta exhibe en el primer movimiento de la Séptima sinfonía de Beethoven es un claro ejemplo. Las Vanguardias del siglo XX han llevado al límite este recurso hasta la creación de unos efectos percusivos que elevan a la flauta a una nueva dimensión de infinitas posibilidades.         El timbre ha sufrido un proceso similar. Las cualidades de la flauta son muy apropiadas para la creación de efectos sonoros que tienen por misión la recreación de gran variedad de ambientes. De los hetéreos arpegios propios del Impresionismo hasta recursos como los multifónicos, tongue-rams o jet-wisthes, este instrumento ofrece al compositor una extraordinaria paleta de colores.
    La estructura de una obra musical, al igual que la de un edificio, tiene una jerarquía que debe ser conocida y respetada por todos los eslabones de la cadena (compositor, director, orquesta, instrumentista). Adaptar la interpretación a las diversas funciones confiadas a nuestro instrumento debería ser un objetivo esencial de todo alumno de flauta travesera.

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notas
 1 En las más de cien sinfonías de Haydn –por poner un ejemplo– es fácilmente apreciable la influencia de las mejoras técnicas de la flauta travesera en la música. De las primeras a las últimas sinfonías puede observarse cómo la travesera va ganando independencia, protagonismo y virtuosismo con la incorporación de las nuevas llaves al instrumento.
 
2 Desde esta época hasta nuestros días la tendencia ha sido muy clara: desarrollo de las cualidades tímbricas y expresivas de la flauta.     La siguiente reflexión no admite margen de dudas: aunque el solo de Orfeo fue escrito expresamente para la flauta, su lenguaje no supondría ningún obstáculo a otros muchos instrumentos de cuerda o viento. Sin embargo, la especificidad ha llegado a tal extremo que, técnicamente esta opción sería imposible en muchas obras del siglo XX.




Flautas tamboriles de los Pirineos occidentales
Por Evelyne RENE

En el anterior número de la revista hemos publicado la entrevista que realicé a Evelyne René, como preámbulo al artículo que ha tenido la gentileza de redactar para nosotros. Es para mí una gran satisfacción traer nuevamente esta intérprete consagrada a la música tradicional pirenaica a través de la xülüla, esa flauta desconocida para muchos, en la que me he iniciado a su lado. Quiero agradecerle su trabajo, en la seguridad de que va a resultar de gran interés para nuestros lectores.                                     
                                                                                                                                                                                     Antonio Arias


 
Unos huesos perforados, hallados en Navarra del Norte, en la cueva de Oxocelaia, han conducido a los arqueólogos a identificarlos como flautas que existieron 20.000 años antes de J.C. La flauta auriñaciense de Isturitz, es un fragmento de cúbito de un ave grande del tamaño de un buitre, de 11 cm de largo y un diámetro máximo de 1,4 cm roto en un extremo y serrado en el otro. El hueso está perforado por 3 agujeros consecutivos de 7 a 9 milímetros. Su datación corresponde al Magdaleniense IV (15.000 años) según Emmanuel Passemard, doctor en ciencias de la Universidad de Estrasburgo. El trabajo fue publicado en 1913 en el Boletín de la Sociedad Prehistórica.
Los vascos extendieron sus comunidades entre el Ebro y el Garona (Francia) desde los primeros tiempos. Hallamos trazas y presencia de la flauta de 3 agujeros en todas las provincias repartidas entre estos dos ríos, en la arquitectura románica y gótica de los edificios religiosos y en los textos. Actualmente, se la puede escuchar en los acontecimientos públicos de las culturas comunitarias de tradición festiva: carnavales, ceremonias religiosas, fiestas patronales, festivales y espectáculos, en las instituciones de enseñanza musical y en las asociaciones de danza y música tradicionales. Aparece expuesta en los museos.
La flauta de 3 agujeros se designa por denominaciones vernaculares:
En Bigorra y en las Landas: XIRULA (tchirula). En el Valle de Ossau: FLABUTA (flabuto). En Soule: XÜLÜLA (tchulula). En Aragón: CHIFLO (tchiflo). En Navarra: XIRULA (xirula). En Labourd, Guipúzcoa: Xistu (txistu). El xistu es tocado junto al SILBOTE, más grave. Excepto la última, que se construye de ébano con el pico de metal, todas las demás se fabrican en boj de montaña (Buxus sempervirens).

En Soule, la xülüla se toca junto al tamboril de membrana (atabàl) y con el tamboril de cuerdas (soïnua «shoïnoua») denominado usualmente «ttun-ttun» (toun-toun). Lo mismo sucede en Bearn y Gascuña. En Aragón, el  tamboril de cuerdas se llama salterio o chicoten.
El tamboril de cuerdas tiene su origen en el barbiton, de la familia de las cítaras en la antigüedad griega. En Bigorre, Bearn, Soule y Aragón es tocada por el flautista, que mantiene ambos instrumentos, con el tamboril a la izquierda o a la derecha.
Lo más frecuente es que se construya en nogal (Juglans regia), en Soule en arce (Acer pseudoplatanus). Los ebanistas que conocen las propiedades de las esencias son mejores constructores de tamboriles junto con los luthiers, que asocian las esencias a la alta maestría de su arte.

La xirula (xülüla en Soule), en Re (la nota más grave), con una octava más una quinta, es ua flauta armónica de parciales; las tonalidades usuales son Sol y Do, pero también La, Re y Mi.
El tamboril de cuerdas que la acompaña está afinado en Sol: bordón Sol y pequeño bordón en Re, a la quinta superior. Estas dos notas son las notas tonales de la flauta “suletina”. El tamboril es golpeado en su base con un mazo de madera, que en Soule es torneada en boj como la xülüla, y que es al mismo tiempo la llave para apretar las clavijas.

La flauta de pico de 3 agujeros, de timbre agudo y taladro recto mide unos 27 cm de largo.
La finura del bisel y la apertura de la luz le dan cualidades de intensidad, de sonoridad y de elasticidad, variables según su utilización, pues exige una particular maestría del aliento, de conducción de los parciales y una búsqueda sostenida en la musicalidad para que sean reveladas sus cualidades.
Pese a su vulgarzación, la xirula no es fabricada como las flautas académicas. El constructor que hace flautas y tamboriles es en el mejor de los casos un artesano (infrecuente) para quien la luthería no es su dedicación única o principal. Como para la flauta de pico, la estabilidad de la presión del soplo determina la afinación. La altura y calidad sonora debe constantemente ser puesta de relieve por el músico, y solamente los flautistas de calidad son capaces de revelar al oyente sensible la belleza de estos instrumentos.

La flauta armónica de los Pirineos centrales, ha sufrido del abandono en el que los cambios sociales la han
 llevado, pero también de la falta de exigencia aportada tanto a su construcción como a su utilización. Las referencias son hoy día conocidas por los músicos de alto nivel.
Forma parte de las flautas tamboriles que existen en Europa (Inglaterra, Alemania, Países Bajos, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Bélgica, Italia, España, Baleares, Portugal, Hungría). Pero también existen en México, Perú, Ecuador, Africa, Oceanía. La flauta armónica tiene su función en la danza en cadena, el baile, el concierto, la grabación o la creación.

La flabuta, (flabuto), tocada en Bearn, Landas y valle de Ossau, se presenta como la xirula, salvo una diferencia de dimensión para la flausa “osalesa” que es más larga (unos 32 cm) y que no se toca tanto en razón de su tonalidad (La mayor) pero también por su repertorio que requiere un conocimiento y una práctica específicas.
Los Bransles de Ossau existen desde el Renacimiento. Los bailarines osaleses, desde aquella época, los bailan según los criterios de la transmisión oral «in focus», caso único para los Pirineos. Cuando los acontecimientos han causado la penuria en la fabricación de flautas y tamboriles, los bailarines aprendían y representaban sus rondas, saltos, bransles y rondós al sonido de la vox: «al sonido de lengua» (ào soun dé lèngue), antaño transmitidos oralmente sobre la marcha y para responder a la función de la música tradicional.
Enseñada actualmente a todos los niveles y en todas las estructuras, para fines múltiples como lo permite nuestra época, la flauta armónica pirenaica es representativa en la música tradicional del mundo, igual que en las músicas étnicas.
Puesta al día y ofrecida al conocimiento universal por las vías de comunicación que nos hacen descubrir sonoridades suntuosas, refinadas y que despiertan nuestros criteros de estética, la flauta armónica pirenaica forma parte de la gran familia de las flautas del mundo.
En las provincias vascas, las fiestas tradicionales reúnen a numerosos músicos y bailarines constituidos en formaciones o practicando tradiciones transmitidas, como en las Pastorales suletinas, verdaderos poemas codificados, originados en los misterios medievales, la mascarada suletina, las txaranga de las provincias del Sur (bandas), las «mutil dantza» del Valle de Baztán en Navarra.
En Bearn, tan solo el valle de Ossau ilustra la tradición pura con ocasión de las fiestas del 15 de agosto en Laruns, del 25 de agosto en Bielle, y para algunas bodas. Cada dos años tiene lugar un concurso de flauta en Lembeye.
En la costa Atlántica, el txistu se enseña en los conservatorios donde el repertorio académico de la música vasca deja un amplio y soberbio lugar a las obras escritas para el txistu y la silbota; son obras magníficamente servidas por virtuosos, muchos de los cuales han hecho escuela.
Desde 1900, Soule crea y recrea anualmente un festival llamado «XIRU», en Gotein-Libarrenx, en el que actúan músicos vascos y extranjeros. Este festival es único en los Pirineos centrales y en la provicias vascas del Norte. Las pastorales se dan en los pueblos creadores en los que se reúne un público ferviente llegado de los dos lados de los Pirineos.
En Labourd, en la Navarra-norte y en Bigorra, las fiestas reúnen a los grupos de danza, de canto coral, de baile, que programan veladas, animaciones públicas, con música antigua o con creaciones, reconstituciones de escenas, de vestimentas y puestas en escena.

Recientemente, la flauta armónica ha recreado el dúo-concierto de flauta armónica con las flautas del gran órgano litúrgico, en el festival XIRU en 1994 y en Provenza en 1997, gracias al repertorio de la época barroca (que mezclaba música «étnica» y música «culta»), al de las composiciones folclóricas, tradicionales, antiguas y contemporáneas.


Notas del traductor:
Se ha respetado al máximo la ortografía de la autora, especialmente en las denominaciones de instrumentos y en los topónimos.
Ossau (pron. Osó). adj. osalés-a: del valle de Ossau
Soule (pron. Sul). adj. suletino-a: del valle de Soule
Algunas precisiones geográficas para las que conviene tener a mano un mapa del Sur de Francia:
Bigorre es la región que rodea las ciudades de Lourdes y Tarbes.
Ossau es el valle por el que discurre el río del mismo nombre, al sudeste de la ciudad de Oloron.
Soule es el valle regado por el río soule, al oeste de la ciudad de Oloron.
Labourd es la zona del país vasco-francés que se sitúa al sur de Bayona.
Béarn es la región que se extiende alrededor de la ciudad de Pau.






RELACIONES ENTRE POSICIÓN DE LA MANO
Y  LOCALIZACIÓN DE LOS AGUJEROS EN FLAUTAS DE
DIVERSAS CULTURAS
Por Antonio J. Berdonés

La siguiente disertación se refiere a las flautas traveseras y a sus flautas hermanas en cuanto al modo de producción del sonido, esto es, la conformación labial de un canal que conduce una corriente de aire contra un bisel. (Este artículo es un extracto de un estudio más amplio).
1. Origen del planteamiento.
Los flautistas formados en los conservatorios de Occidente hemos aprendido a tocar, desde muy jóvenes, con el modelo de flauta travesera inventado por Theobald Boehm (patente de 1847, con algunas modificaciones). Hemos crecido adaptando la posición de nuestras manos, brazos y cuerpo al objeto que sujetábamos, quizá sin cuestionarnos por qué estaban colocados de esa manera los agujeros tapados por las llaves. Seguramente tampoco nos hemos preguntado por qué debíamos colocar cada mano en una posición diferente ni por qué todo estudiante, fuese zurdo o diestro, debía sujetar el instrumento de la misma forma.
 Cuando hemos crecido un poco más, hemos aprendido que las razones del emplazamiento de los agujeros sobre el tubo tal como lo concibió Boehm1  fueron producto de un planteamiento racionalista, basado en la ciencia acústica y condicionamientos anatómicos y prácticos.
 (Han existido más inventos con la misma finalidad racional que buscó Boehm, como la patente llamada “El fagot lógico”, de Giles Brindley, que hace idénticas las digitaciones para todas las octavas y procura una posición de dedos y cuerpo mucho más cómoda 2 )
 Después, siguiendo un proceso de búsqueda, algunos flautistas nos hemos interesado por los antecesores de nuestra flauta; y hemos aprendido a tocar el modelo de flauta barroca de una sola llave, y sus descendientes de varias llaves. Entonces hemos empezado a darnos cuenta de que la colocación de las manos y la disposición de los agujeros en estos instrumentos sigue una lógica parecida, pero no igual a la de la flauta Boehm.
 De esta experiencia sólo hay un paso (que algunos hemos dado) hasta el interés por las flautas traveseras de otras culturas; e incluso por flautas emparentadas con la travesera: flautas oblicuas (rim- blown) y flautas rectas (end-blown, según la traducción inglesa de la clasificación de Sachs y Hornbostel).
 La práctica de estos instrumentos nos hace ver nuestra flauta Boehm con otra perspectiva, y surgen preguntas...
 2. Colocación de las manos, emplazamiento de los agujeros, dimensiones del tubo y apoyo sobre la mandíbula...
 Como en la flauta Boehm, en la que todos hemos aprendido, ¿los agujeros están perforados, en las otras flautas, allí donde la acústica lo requiere? ¿O allí donde los dedos de un flautista medio pueden llegar? ¿O en donde está determinado por una tradición? Estas preguntas pueden parecer absurdas a quien sólo conoce la flauta Boehm y que por eso quizá no se ha llegado a plantear la cuestión. El conocimiento de otras flautas emparentadas con la nuestra hacen surgir cuestiones como esta (por no hablar de la embocadura). Como ha dicho Luis de Pablo, (cito de memoria): “El conocimiento de las músicas de otras culturas nos porporciona un saludable sentido de relatividad”.
 Parece ser una constante en la historia de las flautas la existencia de entre tres y seis agujeros en la cara anterior del tubo y ninguno en la posterior. En Occidente, desde la baja Edad Media y el Renacimiento se observan tres agujeros para cada mano (dedos índice, medio y anular), seis en total, dejando desocupados los dedos meñiques.
 Los meñiques, que son los dedos más débiles y cortos, se descartaron también en las digitaciones de los instrumentos de cuerda pulsada (laúdes, arpas), y también en las primitivas digitaciones para teclado, hasta que empezó poco a poco a pretenderse la igualdad de los dedos, a partir del siglo XVIII. 3  (Hoy día, la técnica del arpa moderna sigue sin emplear los meñiques). También es importante observar que la función de los dedos pulgares de ambas manos consiste originalmente en sujetar y orientar el tubo, sin agujeros a su cargo. Pero meñiques y pulgares han ido recibiendo más responsabilidades posteriormente.
Hay dos grupos de condicionantes en la colocación y manejo del instrumento que se influyen entre sí:
 1) El número, el emplazamiento y el tamaño de los agujeros perforados en el tubo, en todas las culturas y épocas, depende de unas pocas premisas básicas:
 1.1) la escala básica del instrumento: cromática, pentáfona, heptatónica...
 1.2) la distancia entre agujeros según los diferentes temperamentos o escalas de cada cultura, que determinan la distancia entre los intervalos, y, por tanto, la distancia entre los agujeros.
 1.3) el criterio de accesibilidad: que los dedos lleguen realmente a abarcar los agujeros, dentro de lo posible (o “dentro de lo práctico”). Este criterio varía hasta lo increíble según épocas y culturas. Hay muchos modelos de flautas (traveseras, oblicuas y rectas) no occidentales con distancias y dimensiones de agujeros que un flautista occidental consideraría imposible abarcar.4 

 2) La forma de sujeción y apoyo del tubo: depende de los siguientes factores:
 2.1): el apoyo más o menos firme sobre la mandíbula del flautista (grado de apoyo que viene dado por el tipo de embocadura: travesera, oblicua o recta), que determina la posición del pulgar principal, que debe equilibrar el mayor o menor apoyo de la mandíbula (este apoyo es máximo en las flautas traveseras y en el shakuhachi; y es mínimo en las flautas oblicuas, hasta tal punto que se debería decir que, más que en la mandíbula, se apoya sobre los músculos laterales del labio.)
 2.2): la longitud del tubo que hay que sujetar;
 2.3): el grosor del tubo y su mayor o menor peso;
 2.4): la orientación del tubo: travesera, oblicua o recta.
 2.5): el tamaño de los agujeros (agujeros muy grandes, como los del bansuri, se deben tapar con las falanges; agujeros muy pequeños, como los de la flauta travesera barroca y sus descendientes occidentales, se tapan con las yemas de los dedos; la primera condición suele determinar que la posición de la mano “aguda” sea “de pulgar opuesto”, mientras que la segunda condición hace que su posición sea “de pulgar paralelo” .)

 3.1- Las dos posiciones principales de la mano que está más próxima a los labios.
 El cuerpo de toda flauta travesera se puede sujetar, según costumbre, instrumento y cultura, hacia la derecha o hacia la izquierda5 . Lo mismo sucede con las flautas oblicuas. Y, en cuanto a las rectas (shakuhachi, kena...), existen dos posibilidades: que la mano izquierda cubra los agujeros más cercanos a la embocadura y la derecha los más lejanos, o a la inversa. Por eso creo más exacto hablar en adelante de “mano aguda” y “mano grave” (por referencia al registro básico de los instrumentos) que de “mano izquierda” y “derecha”: esto podría prestarse a confusión.

 En las flautas de las que estoy tratando se pueden observar dos posiciones básicas (y antagónicas) de la mano aguda:
 
A)    La primera modalidad es la que yo denomino “de pulgar opuesto”, en la que el pulgar se aparta de los demás dedos, apuntando hacia la cabeza del flautista. (Además se provoca un mínimo giro de la muñeca; esta posición es la más empleada en los casos en que los agujeros, por grandes, se deben tapar con las falanges)
B)    La segunda modalidad es la de “pulgar paralelo” (más o menos) a los dedos índice y corazón. (Esta posición conlleva un fuerte giro de la muñeca, y es más apta para los casos en que los agujeros se tapan con las yemas de los dedos; además, dato importante, favorece el empleo de un punto de apoyo más, que es la base del dedo índice.)
(Entre A) y B) existen multitud de posiciones intermedias, naturalmente)
 
 Propongo como ejemplos de “pulgar opuesto” las posiciones del shakuhachi (flauta recta) y del nay (flauta oblícua) (también: las flautas traveseras: ryuteki japonés, cérédou de Mali, bansuri o venu indio)
 Ejemplos de la modalidad de “pulgar paralelo” son nuestras flautas traveseras occidentales, desde los modelos renacentistas y barrocos hasta la flauta Boehm; así como las diversas flautas de pico o “de bloque”.

 3.2- La posición de los dedos corazones de ambas manos:
 En ocasiones, también los dedos corazones tienen relevancia. Suponen un punto de apoyo básico en el shakuhachi y algo menos importante en las flautas oblicuas; pero en las traveseras no se usan como apoyo.
 Voy a partir de un ejemplo concreto que llamó poderosamente mi atención: en el nay árabe (y en el turco), en la digitación de la escala básica del modo rast (semejante a nuestro Do mayor) ambos dedos corazones permanecen bajados, cerrando sus respectivos agujeros. Pero lo llamativo del caso es que aquí lo importante no es el cierre de los agujeros (irrelevante acústicamente en el modo rast), sino el apoyo del tubo: los dedos corazones contrarrestan a sus respectivos pulgares para hacer el apoyo más firme.
 La posición de las manos al digitar el modo rast es prácticamente idéntica a la posición del shakuhachi en general (y, en particular, para digitar la 5ª. nota (ri) de su escala pentatónica de base). Pero, a diferencia del nay, en que los dedos corazones se mueven cuando es preciso abrir sus agujeros y abandonar así su misión de sujeción del tubo, en el shakuhachi estos dedos permanecen siempre firmes: no existen agujeros bajo ellos. (Ver fotografías)
 
 Lo expuesto es un ejemplo entre otros muchos que hacen pensar en una especie de “teoría de la evolución” darwinista referente a las posiciones y digitaciones de las diversas flautas. Como para confirmar la sospecha, se puede observar a continuación que el dedo corazón de la “mano grave” del nay persa también permanece siempre inmóvil para apoyar el tubo: tampoco existe agujero bajo él. Así, siendo casi idénticos los planteamientos de digitación para los modos árabes y los persas, el instrumento persa tiene un agujero menos. (Las razones pueden ser prácticas: cuanto menos agujeros haya que calcular y perforar, menos complicada será la fabricación del instrumento, y éste será más consistente y menos frágil.6  )
 Se puede pensar que la función de los dedos corazones haya sido originalmente sólo de sujeción, y que se le hayan añadido más tarde los agujeros para esos dedos.

 4.- Relaciones históricas y culturales entre las diversas flautas.
 ¿Existe alguna relación entre el arábigo nay y el japonés shakuhachi? (Ambos se construyen con un bambú: el del nay egipcio es de la especie arundo donax; el del shakuhachi, phyllostachys reticulata.)
 Probablemente tuvieran antepasados comunes, aunque hoy día se diferencian mucho en técnicas de ejecución y repertorio, y, sobre todo, pertenecen a zonas muy alejadas geográficamente y a culturas muy opuestas. El origen de todas las flautas oblicuas parece ser el m‘t faraónico, que dió origen a otras flautas en el continente africano; y, en otra dirección geográfica, un milenio más tarde, en Mesopotamia. Esta tradición cristalizó hacia el 3000 a.C. en la aparición de la flauta xiao en China. El shakuhachi, descendiente del xiao, aparece en Japón en el siglo XIV.7  Por otra parte, los nayat actuales (árabes, persas, turcos) tienen la misma técnica de embocadura y de construcción que la de sus antepasados faraónicos, pero, al servir a una cultura y un repertorio muy diferentes, han sufrido modificaciones.
 Dejo así simplemente apuntado este rastreo geo-histórico para ceñirme al asunto de esta disertación. Pero lo he traído recordando que, en la enseñanza de un instrumento, la transmisión de la postura corporal y de los puntos de apoyo asume una importancia primordial; y mucho más en las tradiciones muy antiguas. Por eso es legítimo preguntarse si la postura de sujeción del instrumento determinará el emplazamiento de algunos de los agujeros, y no al revés. Podemos pensar aquí en una posición (“pulgar opuesto”) transmitida de una cultura a otra, que se aplica por tradición desde flautas oblicuas a flautas rectas, y tangencialmente a flautas traveseras.

 5.-Agujeros posiblemente posteriores a la posición de las manos:
 5.1-En el Nay (que produce una escala básica de siete grados): el agujero del pulgar de la “mano aguda”, muy apartado de los demás, no produce un grado más; de hecho, es posible producir la escala principal a lo largo de dos octavas sin abrir el agujero del pulgar. Éste tiene función de enlace (con varias notas a cargo del mismo agujero, según su apertura) entre el registro principal (que es el que nosotros llamaríamos “medio”), y el registro grave, que es el más difícil y el menos empleado.
 5.2-En el shakuhachi (que produce una escala básica de cinco grados, sin semitonos –aunque es capaz de producir todos los grados cromáticos a lo largo de tres octavas): El agujero del pulgar de la mano “aguda” tampoco es necesario para producir esa escala pentáfona. Su función principal es proporcionar timbres alternativos y ornamentos. (Al parecer, este instrumento tenía originalmente sólo cuatro agujeros; el posterior se añadió posiblemente en el siglo XVI)

 6. Agujero posterior que condiciona la posición.
 También se dan casos contrarios, en que son las localizaciones de agujeros las que determinan el cambio de posición de los dedos; pero en el caso al que me refiero, el condicionante es una llave, invento europeo que no aparece en flautas no-occidentales. En las flautas traveseras occidentales “de sistema antiguo” (pre-Boehm), el uso de la llave de Si bemol suele obligar al pulgar de la mano “aguda” a permanecer suspendido en el aire, perdiendo así su antiquísima función de sujeción del tubo (como se puede ver en tratados antiguos, como el de Nicholson, 1816). En este caso es el agujero el que condiciona al dedo, y no como en las flautas oblicuas y rectas antes referidas. Ello se debe a que el agujero (Si bemol) tapado por la llave se debe emplazar en un lugar intermedio entre el agujero que cierra el La (dedo corazón) y el que cierra el Si (índice).

 Conclusión:
 Un poco en forma de asociación libre de ideas, un poco siguiendo un itinerario organológico-histórico-cultural, he reflexionado y expuesto unas bases para pensar sobre un hecho: que no siempre es anterior el lugar de emplazamiento de los agujeros (según un supuesto cálculo acústico del resultado escalar deseado) a la posición de las manos, como solemos pensar los que nos hemos educado con la flauta Boehm. Aparecen tradicionalmente dos posiciones diferentes de la “mano aguda” que se transmiten de unas culturas a otras y de unos instrumentos a otros. Ambas posiciones son anteriores al emplazamiento de diversos agujeros. Las posiciones tienen como principio la sujeción del tubo, que depende de otros condicionantes, como por ejemplo el apoyo del tubo sobre la mandíbula (esto daría lugar a una interesante búsqueda sobre las relaciones e influencias entre las posiciones de embocadura de flautas traveseras, oblicuas y rectas).

Texto y fotografías: © Antonio-José Berdonés Gómez, 2005. Fotografías: Noemí Martínez (Instrumentos: colección A.J. Berdonés)


Antonio J. Berdonés es profesor superior de flauta travesera titulado por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Actualmente es profesor superior por oposición en el conservatorio superior de música de Badajoz. Es profesor titular de enseñanza secundaria, en excedencia. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó la edición española (2002) de “La interpretación de la música”, de Th. Dart (A. Machado Libros).        anjobergo@tiscali.es


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notas

 1 Boehm, Theobald: The flute and flute playing .(trad. del original alemán).- New York: Dover, 1964.  Es más accesible la interesante versión española de Vicente Martínez López (hijo) : Madrid, Mundimúsica, 1991.
  Continuación y consecuencia de la teoría de Boehm es la teoría de Istvan Matuz: sus bases han sido expuestas por Marcial Picó en esta revista, Flauta y Música (números de enero y junio de 2001 y enero y junio de 2002)
 2 Montagu, Jeremy: The world of romantic and modern musical instruments.- London: David & Charles, 1981.
 3 Como se indica en: Jacobs, Charles: La interpretación de la música española del siglo XVI para instrumentos de teclado.-Madrid: [Dirección General de Relaciones Culturales], 1959.-  También en la magnífica biografía de D. Scarlatti por R. Kirkpatrick (Alianza Música), y en: Dart, Thurston : La interpretación de la música.-Madrid: A. Machado Libros, 2002.[Edición por Antonio J. Berdonés]
 4 El criterio de comodidad, más que el de posibilidad, fue de capital importancia en la transformación del taladro cónico de la flauta travesera renacentista en el taladro cónico de la barroca; transformación realizada probablemente en Francia hacia 1670. Este cambio permitió emplazar los agujeros más cerca unos de otros.
 5 Ver el ejemplo que expone T. Wye en su “Iniciación a la flauta” (Madrid: Mundimúsica): los hermanos Doppler, cuando se presentaban en dúo, contrastaban visualmente al tocar, el uno, en la posición que todos adoptamos hoy; y el otro, apuntando la flauta hacia la izquierda.  Los mecanismos anteriores al sistema Boehm, y sobre todo los que carecen de llaves, permiten esta libertad de elección.
 6 ¿Y qué hay de ese grado de la escala que era abierto por ese “agujero menos” del instrumento persa? Se obtiene fácilmente abriendo a la mitad el agujero del índice contiguo.
 7 Como se indica en la importante obra de Pérez Arroyo, Rafael: La música en la Era de las Pirámides. Madrid: Centro de Estudios Egipcios, 2001 (Párrafo “Culturas relativas”, págs. 174 y sig.).






LA   FLAUTA TRAVESERA EN EL ARTE
La Naturaleza Muerta
Por   Manuel Olmo Vadillo

Aunque ciertamente se pueden apreciar algunas de las características de una Naturaleza Muerta en muchos de los frescos de la antigua Roma, en los que se exhiben manjares de forma ostentosa, en realidad, esta disciplina surge como género pictórico independiente  hacia la segunda mitad del siglo XVI de la mano de los maestros de la escuela flamenca. En principio, la Naturaleza Muerta nace como una forma en la que el pintor pone a prueba sus capacidades y, lo que en apariencia es tan sólo un conjunto de objetos inertes con el que el artista demuestra sus dotes en el campo del realismo a base de ejecutar hasta el más insignificante de los detalles, pronto es utilizado para ocultar mensajes en los que, como veremos en este capítulo, los instrumentos musicales, y por ende la flauta travesera, tienen un papel que representar. La Naturaleza Muerta es un género que se subdivide en infinidad de variantes en base a las proporciones de la obra y sobre todo al tipo de objetos representados. Sin duda alguna, de entre todas estas variantes la más popular en nuestro país –gracias a los grandes pintores españoles del XVII que cultivaron este género con gran maestría– es el Bodegón. En el Bodegón se plasman enseres de cocina, loza, piezas de cacería (éste es llamado bodegón de caza) y todo tipo de manjares. Esta especialidad fue muy apreciada en los Países Bajos por la burguesía flamenca de finales del siglo XVI que colgaba estos cuadros en sus paredes para reflejar la abundancia y la riqueza que reinaba en sus hogares. También en la segunda mitad del siglo XVI se desarrolla en el territorio flamenco una tendencia llamada Naturalismo Científico que comienza como un catálogo botánico y en el que, poco a poco, se van incluyendo objetos bellos y sofisticados entre los que se encuentran instrumentos musicales. De todas las variantes de Naturaleza Muerta, la más sombría y tenebrosa es la Vanita que tiene una gran aceptación en el siglo XVII y en la que pintor denuncia a través de símbolos a los hombres que basan sus vidas en placeres mundanos y profanos sin preocuparse en alcanzar horizontes más elevados e ignorando el paso inexorable del tiempo. Lo efímero y fugaz que es la vida se representa con cráneos, flores (marchitas en muchos casos), relojes de arena y velas apagadas; los placeres terrenales con naipes, libros e instrumentos musicales entre otros objetos. A la larga, ya en el siglo XVIII, la Naturaleza Muerta es utilizada por los pintores para poner a prueba a observadores lúcidos que han de descubrir el porqué de cada objeto y el motivo que reúne a éstos.
Comenzamos nuestro recorrido por esta disciplina con un espectacular Bodegón Monumental, que es aquél de grandes dimensiones que agrupa objetos de muy distinta índole y que, con frecuencia, es suntuoso y ampuloso en exceso. El Bodegón Monumental suele aparecer con un paisaje de fondo para dar mayor profundidad a la obra y también es habitual ver los alimentos, la vajilla, instrumentos, etc., flanqueados por lujosos tejidos y grandes columnas. El óleo se conoce con el título de Bodegón con conchas e instrumentos musicales (Fig. 1) y su autor es el pintor Jan Davidsz de Heem (1606–1683/84), nacido en Utrecht. Como se puede apreciar, el lujo domina toda la escena. Hay una flauta travesera apoyada en la columna de la derecha y otra tras las grandes conchas que están situadas en primer plano sobre una pequeña mesa. Justo al lado izquierdo de la mesilla hay una guitarra barroca y en el extremo inferior izquierdo del cuadro encontramos un laúd bocabajo y una flauta de pico. Ambas traveseras responden –como es lógico por la fecha de realización del bodegón, 1642– al modelo renacentista y ciertamente debieron ser instrumentos poco atractivos desde el punto de vista del pintor; de hecho su inclusión en naturalezas muertas hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVII es casi anecdótica.
El pintor francés Pierre Nicolas Huilliot (1674–1751) realiza una obra titulada Naturaleza muerta con instrumentos musicales (Fig. 2) en la que la flauta travesera es la gran protagonista de la composición pictórica. Los elementos que conforman el óleo son, además de la flauta, un laúd, un violín, libros, partituras y un saquillo rojo en el que se aprecia una baraja de naipes entre otros objetos. Aunque en el título de la obra no aparece de forma explícita, el tema de la Vanita está presente en el lienzo ya que el hecho de reunir juegos de mesa con música y literatura es prueba evidente de la intención del autor de reflejar los placeres mundanos, si bien es cierto que durante el siglo XVIII la Vanita adquiere un carácter más amable y, en ocasiones, suele descartar los elementos patéticos y tenebristas del Barroco. El traverso está situado por delante del laúd y el violín y acapara, gracias a que recibe casi toda la luz, la atención del observador; se trata de una flauta de marfil, de una llave, seccionada en cuatro partes y con anchas juntas metálicas. Es curioso observar que la llave está colocada al revés y por ello se puede afirmar que la flauta no estaba en condiciones de ser tocada en el momento en el que fue pintada. Se puede apreciar que la llave, que tiene la parte cuadrada de la zapatilla donde debería estar la redonda que acciona el mecanismo con el meñique de la mano derecha, no forma ángulo alguno con respecto al plano longitudinal de la flauta; esto es debido a que el muelle (en el caso de que lo conserve) ejerce su fuerza justo en sentido opuesto y, en caso de no tenerlo, la parte circular de la llave no cabe en el interior de la zona rebajada del marfil (donde está el agujero de mi bemol), que es más pequeña y cuadrada.

Muy pocas son las Naturalezas dedicadas exclusivamente a instrumentos musicales y las pocas que hay se concentran casi en su totalidad en el siglo XVIII. Estas obras evocan de forma silenciosa la música de cámara, aunque no dejan de tener el carácter frío del género pictórico ya que el silencio se hace más acuciante ante la ausencia del verdadero artífice del sonido: el músico. Un ejemplo de este tipo de telas es del pintor parisino Jean Baptiste Oudry (1686–1755). Este autor, que fue músico además de pintor, demuestra un gran interés por la música y así queda reflejado en muchos de sus lienzos aunque, ya en su madurez, se especializa en escenas de caza que es el género con el que se consagra. El óleo que nos ocupa aparece con los títulos Naturaleza Muerta y también Naturaleza muerta y violín (Fig. 3). Encima de una torneada silla podemos ver una partitura sobre un gran atril con palmatorias, un violín y una flauta travesera; bajo la silla hay una guitarra barroca y una partitura sobre unos libros. De nuevo el tema de la Vanita  parece asomar, si bien el título del lienzo no lo refleja. Lo que en principio puede aparentar una agradable composición en la que se hace honor a los atributos de la música, se ve enturbiada por el acusado negro del fondo y sobre todo por la vela apagada que es un símbolo arquetipo desde el gótico, que va a perdurar a lo largo de los siglos, y que nos recuerda la fugacidad de la vida.
La flauta es de una llave, de cuerpo seccionado en cuatro partes y rematada en los extremos por finos anillos de marfil.

La acuarela del pintor Abraham van Stry (1753–1826) es una descarnada Vanita (Fig. 4)
–también la podemos encontrar con el título de Naturaleza Muerta– en la que podemos observar, no sin asombro, como la muerte devora literalmente nuestro querido instrumento. Esta exquisita obra realizada en los albores del siglo XIX no juega a ocultar intenciones, por el contrario es directa y condenatoria. La vanidad está representada por la flauta travesera que se encuentra sola y atrapada entre todos los elementos propios del género; la vela está casi consumida en su totalidad y puede apreciarse que, aunque ya apagada, está todavía humeante; las flores, con su corta y efímera vida, también nos acercan al concepto temporal ya que en la acuarela observamos unas frescas y jóvenes, y otras marchitas.
Es una obra de gran realismo en la que los detalles están pintados con tanta precisión que éstos nos permiten aventurarnos a dar algunos datos en torno al fabricante de la flauta. En la pata se lee con claridad el final de un nombre (por la configuración curva del mismo y el tamaño, debe ser corto, de 5 o 6 letras a lo sumo) que termina con la sílaba NER (Fig. 4 bis); tanto encima como debajo del mismo se aprecian parte de los símbolos de la marca o sello del constructor. El primer pensamiento planea alrededor de la prestigiosa firma Denner (Fig. 5) aunque hay que descartar a esta saga de constructores ya que todos sus instrumentos llevan el apellido enceldado en una cartela y además éste se curva en sentido opuesto al representado en la acuarela. Mucho más parecidos al de la flauta que aparece en esta obra son los logotipos de Joseph Ebner y los de Friedrich Löhner I y Friedrich Löhner II. Estos últimos firmaban tanto Löhner como Loehner y Lehner y, una vez examinada minuciosamente la marca, me inclino a pensar que se trata de una flauta de uno de ellos ya que los signos que se encuentran bajo el nombre parecen coincidir con las iniciales entrelazadas F y L.
 Para finalizar este recorrido por el mundo de la Naturaleza Muerta vamos a deleitarnos con la obra del pintor norteamericano de origen irlandés William Michael Harnett (1848–1892). Este artista estudia con detenimiento a los autores europeos de bodegones del siglo XVII y recrea con virtuosismo la técnica del trampantojo tan usada en los frescos decorativos barrocos y que aplicada a un lienzo consiste en incluir en el óleo un fondo que pueda engañar al observador aparentando ser éste parte del mobiliario de la sala en la que se encuentre el cuadro. En el Metropolitan Museum de Nueva York nos encontramos con un bello ejemplo, titulado Naturaleza Muerta, violín y música
(Fig. 6) en el que Harnett utiliza con destreza esta técnica. Entre otros objetos, una partitura, un violín con su arco y un flautín, en apariencia de ébano, de cuatro llaves y con bisel de marfil, cuelgan de una contraventana algo entreabierta y de vieja madera que, sin duda, confunde al espectador; las bisagras oxidadas al igual que el pequeño candado, contribuyen a la creación del efecto óptico. La composición es sobria y en ella predominan las líneas verticales y horizontales (las bisagras); la partitura y el flautín, en diagonal, alteran el espacio cuadriculado. El dominio de Harnett en el campo del hiperrealismo queda patente en esta pieza cuya ejecución es soberbia.

En no menos de cinco ocasiones (que son las que he podido catalogar hasta la fecha) Harnett pinta la misma flauta travesera. Es un bello instrumento de color de ébano, de cinco segmentos, ocho llaves y embocadura de marfil. Este tipo de flautas fue muy popular en la primera mitad del XIX y algunas de las marcas que más incidieron en la rápida comercialización de estos modelos fueron Meyer y Zimmermann (recordemos el célebre grabado de la portada de Flötenshule de Köhler). Tanto el óleo titulado Música y Literatura (Fig. 7) como Naturaleza Muerta (Fig. 8) comparten en su temática la preocupación de Harnett en torno al presente y al pasado, y por otra parte, son un reflejo de su admiración por los pintores europeos del XVII. Música y Literatura es una obra de composición semicircular en la que los radios de la circunferencia son las hojas del libro que está abierto. La flauta está sin terminar de montar y las piezas forman parte de los ejes anteriormente citados, en cambio, hay un elemento que rompe la armonía de los objetos y, como no podía ser de otra manera, se trata de una palmatoria con vela casi consumida y, como mandan los cánones, apagada. El pintor refuerza su apego  y amor al pasado –que es sin duda una de las características más notable y a la vez controvertida del pensamiento decimonónico– incluyendo en el lienzo una edición de El Quijote del siglo XVII. En la última de las imágenes que aquí se presentan, Naturaleza Muerta, podemos apreciar la misma flauta, esta vez montada, en una composición en la que el concepto tiempo está aún más enfatizado por el claro contraste entre las dos partituras que asoman bajo los libros: una de ellas es de grafía convencional mientras que la otra, muy antigua, utiliza la denominada notación cuadrada gregoriana.

Con el género que hemos tratado se puede comprobar de forma bien visible el arduo camino que ha tenido que recorrer la música instrumental hasta adquirir no sólo la independencia total de la música vocal sino también un estatus más distinguido y respetado acorde a la dedicación y al esfuerzo que realiza el músico con el fin de dominar su instrumento.

Ilustraciones:
Fig.1: Bodegón con conchas e instrumentos musicales. Óleo sobre lienzo. JAN DAVIDSZ DE HEEM. Realizado hacia 1642. Colección particular.
Fig.2: Naturaleza muerta con instrumentos musicales. Óleo sobre lienzo, 52 x 88 cm. PIERRE NICOLAS HUILLIOT. Residenzgalerie, Salzburgo.
Fig.3: Naturaleza muerta y violín. Óleo sobre lienzo, 87 x 102 cm. JEAN BAPTISTE OUDRY. Museo del Louvre, París.
Fig.4 y Fig.4 bis: Vanita. Acuarela, 38,8 x 28, 3 cm. ABRAHAM VAN STRY. Realizada a principios de siglo XIX. Dayton C. Miller Collection, Biblioteca del congreso, Washington.
Fig.5: Logotipos de los constructores: Denner, Ebner y Löhner.
Fig.6: Naturaleza Muerta, Violín y música. Óleo sobre lienzo, 101,6 x 76,2 cm. WILLIAM MICHAEL HARNETT. Hacia 1888. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.
Fig.7: Música y Literatura. Óleo sobre lienzo, 61 x 81,5 cm. WILLIAM MICHAEL HARNETT. Hacia 1878. Albright Knox Art Gallery, Buffalo, Nueva York.
Fig.8: Naturaleza Muerta. Óleo sobre lienzo. WILLIAM MICHAEL HARNETT. Hacia 1885. Armand Hammer Museum of Art and Cultural Center, Los Ángeles.

Bibliografía:
VLIEGHE, Hans. Arte y Arquitectura Flamenca 1585–1700. Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A.), Madrid, 2000.
CHEVALIER, Jean y GHEERBRANT, Alain. Dictionnaire des Symboles. Ed.: Robert Laffoni y Ed.: Jupiter, París, 1969.
LASOCKI, David y ROWLAND-JONES, Anthony. The Cambridge Companion to the Recorder. Editado por John Mansfield Thomson. Ed.: Cambridge University Press, Cambridge, 1995.
Enlaces:
http://cjsax.club.fr/index.html
http://memory.loc.gov/ammem/dcmhtml/dmhome.html
www.flutehistory.com


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